“Lucien Goldmann uno de los pensadores del siglo XX: su visión de mundo sobre la tragedia y el concepto de lo trágico. En su obra Le Dieu Cache 1955”.

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Varios pensadores del siglo XX se han encargado de estudiar la tragedia y el concepto de lo trágico. Por su parte, en “Le Dieu caché “(1955), Lucien Goldmann trazaba la peripecia de lo que denominó la visión trágica en las obras de Pascal y Racine, sobre todo. En su sistema sociológico, lo que denomina “visión de mundo” va más allá de la comprensión de una obra particular; y se refiere, ante todo, a la forma de pensar que se expresa en las obras de ciertos individuos que pueden encontrarse dispersos en el tiempo o en la historia:

[…] si la mayoría de los elementos esenciales que componen la estructura esquemática de los escritos de Kant, Pascal y Racine son análogos a pesar de las diferencias que separan a estos escritores en tanto que individuos empíricos vivientes, tenemos que llegar a la conclusión de la existencia de una realidad que no es ya puramente individual y que se expresa a través de sus obras. Esto, precisamente, es la concepción del mundo […]. (26)

Para Goldmann, los individuos pueden separar su pensamiento y sus aspiraciones de su actividad cotidiana, pero ese hecho queda excluido cuando se trata de grupos sociales, para quienes la concordancia entre el pensamiento y el comportamiento es rigurosa. No todos los grupos fundados en intereses económicos son clases sociales. Es necesario que esos intereses estén dirigidos hacia una transformación de la estructura social y que se expresen en el plano ideológico por medio de una visión de conjunto del ser humano actual y, a través de un ideal, de la humanidad futura, de lo que deben ser las relaciones del ser humano con los demás y con el universo. Esto es lo que Goldmann entiende como “visión de mundo”: el conjunto de aspiraciones, sentimientos e ideas que reúne a los miembros de un grupo (o lo que es más frecuente, de una clase social) y los opone a los demás grupos. La visión de mundo no son realidades empíricas, sino conceptualizaciones destinadas a ayudarnos a comprender las obras particulares “(27).

El materialismo dialéctico al que se refiere Goldmann parte del estudio del texto empírico inmediato y se dirige hacia la visión conceptual y mediata para volver a la significación concreta del texto. Ese proceso no es nuevo, pero el mérito del materialismo dialéctico estriba en haber aportado el fundamento positivo y científico de la idea de visión de mundo. Esa visión de mundo, como se nota en el estudio de Goldmann, no es estática, sino dialéctica. Se puede rastrear en la historia, convirtiéndose en una especie de tradición filosófica o de pensamiento. Tal es el caso del ejemplo que usa Goldmann: el platonismo; pero puede observarse, también, en el misticismo, en el racionalismo, en el empirismo y en la visión trágica:

“Los historiadores de la filosofía tienen derecho a aceptar la noción de platonismo, válida para Platón, san Agustín, Descartes, etc., […] a condición de recuperar, a partir de las características generales del platonismo como concepción del mundo y de los elementos comunes a las situaciones históricas del siglo IV antes de Jesucristo, del siglo IV de nuestra era y del siglo XVII, las características específicas de estas tres situaciones, sus repercusiones sobre la obra de los tres pensadores y, finalmente, si quieren ser completos, los elementos específicos de la individualidad de los pensadores y su expresión en la obra.” (33)

Al considerar la visión trágica, Goldmann destaca tres aspectos muy importantes: Dios, el mundo y el hombre (ser humano). También observa tres momentos particulares de la visión trágica: la tragedia griega, la tragedia de Shakespeare y la tragedia de la negación (Pascal y Racine). Esta última se define por su reacción a la época de crisis que causó el advenimiento del individualismo racionalista. La visión trágica se desarrolla como una “[…] negativa a aceptar este mundo como única posibilidad y como única perspectiva del hombre” (47).

Para Goldmann, la razón es un factor muy importante en la esencia humana, pero no puede bastar ella sola. Por esto, la visión trágica es el retorno del ser humano a la moral y a la religión después del período amoral e irreligioso que implicaron el empirismo y el racionalismo. No obstante, desde una perspectiva histórica, la visión trágica admite que el mundo es algo definitivo e incambiable, aparentemente claro, pero ambiguo y confuso para ella. Así, el pensamiento trágico es ahistórico, porque le falta el elemento principal de la historia: el porvenir. El pensamiento histórico tiene una dimensión temporal anclada en el presente.

Goldmann plantea que tanto para el racionalismo como para el pensamiento trágico el individuo no encuentra ni en el espacio ni en la comunidad ninguna norma capaz de guiar sus pasos. Ahora bien, el racionalismo valora esa situación, pues considera a la razón como un medio suficiente para alcanzar valores auténticos, mientras el pensamiento trágico experimenta la insuficiencia de la sociedad humana y del espacio en el cual ningún valor humano tiene ya fundamento y donde todos los desvalores siguen siendo posibles. El problema central del pensamiento trágico consiste en saber si en este espacio racional existe una esperanza de recuperar los valores morales supraindividuales, si el ser humano podrá recuperar a Dios o la comunidad y el universo. En este planteamiento, Goldmann cita a György Lukács, específicamente “El alma y las formas”, para señalar el aspecto central del ser trágico, quien espera de la lucha entre las fuerzas adversas un juicio de Dios, una sentencia sobre la voluntad última:

Pero, en torno a él, el mundo sigue su propio camino, indiferente a las preguntas y a las respuestas. Todas las cosas se han vuelto mudas y los combates distribuyen arbitrariamente, con indiferencia, la derrota o los laureles. Nunca más resonarán en la marcha del destino las palabras claras de los juicios de Dios; su voz llamaba a la vida a todo el conjunto, pero ahora debe vivir solo, para sí; la voz del juez ha enmudecido para siempre. Por esto (el hombre) será vencido ─destinado a perecer─ más todavía en la victoria que en la derrota. (50)

De ahí, el título del libro de Goldmann. El Dios oculto es la idea fundamental para la visión trágica: “Dios está oculto para la mayoría de los hombres, pero es visible para los elegidos a los que ha concedido la gracia” (51). Siguiendo a Pascal, Dios es el ser que siempre está ausente y siempre presente; Dios existe siempre y no aparece nunca: “Un Dios siempre ausente y siempre presente es el centro mismo de la tragedia” (52). En este aspecto, Goldmann vuelve a Lukács, quien afirmaba que la tragedia es un juego entre el ser humano y su destino, y cuyo espectador es Dios. No obstante, Dios no se mezcla nunca con las palabras y los gestos de los seres humanos. En esa incompatibilidad entre Dios y la vida humana estriba el gran problema de la tragedia como la plantea Lukács. Ahora bien, el Dios de la tragedia, según Goldmann es muy distinto:
Al igual que el Dios de los racionalistas, no le da al hombre ningún auxilio exterior, pero tampoco ninguna garantía, ningún testimonio de la validez de su razón y de sus propias fuerzas. Por el contrario, se trata de un Dios que exige y que juzga, de un Dios que recuerda siempre a un hombre situado en un mundo en el que casi no puede vivir, y ello sólo renunciando a ciertas exigencias para satisfacer otras, que la única vida válida es la de la esencia y la totalidad, o para decirlo con Pascal, la de una verdad y una justicia absoluta que no tienen nada que ver con las verdades y las justicias relativas de la existencia humana. (53)

Ese Dios no conoce, según Goldmann, la prescripción ni el perdón; y una vida llena de acciones gloriosas no vale nada ante él. Es un Dios cuyos valores y juicios son radicalmente opuestos a los de la vida cotidiana. Así, siguiendo a Lukács, Goldmann reitera la pregunta crucial de la visión trágica: “¿Puede seguir viviendo el hombre sobre el que se ha detenido la mirada de Dios?” (54).

Doris Melo Mendoza.
2011
En el libro: “Mito y tragedia en el teatro hispanoamericano y dominicano del siglo XX.”
Derechos reservados.
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Hilandera de mantras…

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Levitar en contra del tiempo…

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Soñar con esa mirada de caleidoscopio

que te invita a cerrar los ojos para verse tras los tuyos

en ese mismo espacio del cada viernes

antes de las cinco de la tarde …

En los que viajas presuroso

hacia la insondable inmensidad

de los mundos que me habitan…

Ya no quedan los por qué ni los como,

solo esta insoportable levedad

de lo que soy en el vacío que me conforma.

Y ese ronronear de palomas y golondrinas

en su ocaso, levitando en contra del tiempo

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Fragmento de ceniza enamorada.

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Soy muchas partes de mi ,

fragmentos en los que me invento

en diferentes sueños ,

de inacabados mundos

grises de abriles,

en la infinitud de la nostalgia

ceniza enamorada.

 

Te quiero,

en la suma olvidada de los vientos

Como la sed inacabada de una rosa…

 

Eres y siempre serás,

esa espera que nunca regresa

miedo que se derrite en las esquinas truncas del Hados

en esta penumbra de agotados desencuentros

Y esta pena que ya ni huele a tu nombre.

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Y esta piel que todavía se hace indócil e irreductible.


pintura de Gustav. Climp

Sin proferir la primera palabra…

en una tarde agobiada de silencios

dejo correr esta carne impotente que se transparenta

frente a un sol de noviembre,

dueño de breves presencias que regresan por sorpresa

del blasfemado olvido.

En llamaradas de sal y espumas ,

con un vestido de novia…

frágil, y esta piel que todavía se hace indócil e irreductible.

Aún en el deterioro por el pasar de los años

tratando de insistir siempre al asecho

tras el incansable tiempo

amotinando los sentidos.

Desde este vagar elocuente

cuando al atardecer muere el mar

y las caracolas se recuestan a soñar.

Entonces, encontraré la comprensión

que me devuelva el aliento

en esa quietud de epifanía,

trayecto ilusorio que se desplaza

bajo mis pies azules…

Y esta irresistible terquedad

De cangrejo soñoliento.

Doris Melo.

En: Rapsodia demorada en el tiempo.

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Esa ninfa amarilla…

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En el linde de tus labios aterciopelados

abrazada a esa música que late,

la de los tibios matices ,

esa,

la música prístina…

 

Yo, esa o la otra.. la que se risa el pelo frente al espejo

entre opacas tristezas derrumbadas

y ecos rancios lamidos por el viento…

cuando la nostalgia se regodea

sobre una alfombra de algas …

de colores escarlata…

Doris Melo Mendoza.

En el libro: Rapsodia demorada en el tiempo…

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En este limbo distanciada…

 ruinas de san francisco 2

 

En este hoy en que te pienso ,

entre la bruma …

allá en lo alto , caminando al filo de las horas

para pintarme entre las nubes discretas

desnuda con mi piel de encajes

sutilmente, en toda mi esencia

diluyéndome entre tus tibias manos.

 

mientras yo equidistante,

desde esta islita

intento succionar con desesperación

a toda prisa…

los desperdicios callejeros de tu alma ,

esos miedos que te impiden

dejarte amar simplemente siendo

sin cobardía, sin medidas …

a entregarte, para fundirte en una sola luz….

 

Limpiar tu alma

ebria de experiencias muertas.

Para eso estoy aquí,

tocándote desde tan lejos

con tanta agua, tanto salitre y sol ..

Soles impotentes nos separan

pero aún en este limbo distanciada

Te siento entre mis brazos

entre mis tibias sábanas de seda

Y ese olor a vainilla y rosas viejas

Que me encandila el alma.

 

Me amas , te amo , nos amamos …

desde la hondura de esta conciencia bendita

Para vestirte con el ropaje del amor en cada madrugada

Mientras te nombro en silencio.

La plenitud me invade

entra el delirio rabioso

al soñar con tus besos

Es, en tu piel vestida de madrugadas frías

donde mi cuerpo anhela la plenitud.

 

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